Entradas

EPOC: la enfermedad que roba el aire

Detrás de estas cuatro letras se esconde la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica, una epidemia cada vez más femenina asociada al consumo de tabaco. La detección precoz es la asignatura pendiente.

En nuestro país, dos millones de personas tienen dificultad para respirar. Al principio la falta de aire es casi imperceptible y solo se presenta ante grandes esfuerzos, como caminar a paso rápido, correr para coger el autobús o subir una escalera. No suelen darle importancia, achacando el ahogo a la falta de forma física y al tabaco. Sin embargo, puede ser el primer indicio de una enfermedad pulmonar incurable y progresiva que, sin tratamiento, puede seguir su avance hasta limitar la realización de actividades como vestirse por falta de aire. Se trata de la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, conocida por sus siglas: EPOC.

Más del 10% de la población adulta está afectada por la EPOC, aunque la inmensa mayoría están sin diagnosticar. Y uno de cada cuatro adultos mayores de 35 desarrollarán la EPOC a lo largo de su vida. En el 90 por ciento de los casos, el tabaco es el responsable de que los bronquios se estrechen, limitando la entrada de aire a los pulmones. Sin el oxígeno, todo el organismo, incluido el cerebro, se resiente. A la dificultad progresiva para respirar pueden unirse tos crónica, expectoración (flemas), ruidos, pitidos y dolor en el pecho.

ABC Salud, en colaboración con GSK, reunió a ocho expertos para hablar sobre esta patología. El principal caballo de batalla, coincidieron todos, es el diagnóstico. O mejor dicho, la falta de él. Y eso que la prueba que delata esta patología es simple: una espirometría, que consiste en sentarse y soplar de forma enérgica después de una inhalación profunda. El aparato determina la velocidad a la que se mueve el aire por los bronquios, que en los pacientes con EPOC es menor. Permite también establecer la gravedad, según el grado de oclusión de los bronquios.

Mejorar el diagnóstico

Sin embargo, en la fortaleza y precisión de la espirometría «está también su debilidad», apunta Antonio Trigueros, responsable del Grupo de Patología Respiratoria de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG). Y es que esta prueba requiere personal entrenado para llevarla a cabo de forma correcta. De otra forma puede proporcionar resultados poco fiables. «Ahora las hace el primero que está disponible, a regañadientes y mal», denuncia Trigueros. Pese a todo, es fundamental para establecer el diagnóstico cuanto antes y poner un tratamiento que permita frenar el cierre progresivo de los bronquios. Si no se ataja a tiempo, sigue avanzando y la dificultad para respirar será cada vez mayor, incluso ante actividades tan simples como levantarse, vestirse, calzarse o salir de casa.

Pero el diagnóstico se retrasa en la mayoría de los casos. «El paciente asume que la tos es una consecuencia del tabaco. Nadie le ha explicado que detrás de esa tos hay una enfermedad. Acude a consulta en Atención Primaria por otros problemas y este pasa desapercibido. Y pasan años desde los primeros síntomas hasta los más avanzados, que sirven para detectarlo de forma tardía», señala Eduardo Calvo, especialista en Medicina de Familia y Comunitaria.

Para Francisco Vargas Marcos, consejero técnico de la Dirección General de Salud Pública, Calidad e Innovación, es indispensable establecer un cribaje que permita detectar la EPOC: «Es una enfermedad de alto coste económico y social y la tercera causa de mortalidad, está asociada al tabaco y se puede prevenir. Es necesario mejorar el diagnóstico mediante cribado en fumadores mayores de 40 años con síntomas respiratorios».

Pese a que el tabaco es la primera causa de muerte, en España todavía fuma a diario el 23% de la población mayor de 16 años (27,6% de los hombres y el 18,6% de las mujeres). Y la edad media para el inicio del consumo diario de tabaco se sitúa en 14,2 años, y en 13,1 para el consumo ocasional.

Poca adherencia al tratamiento

«Hemos mejorado poco en diagnóstico», apunta Julio Ancochea, coordinador de la Estrategia EPOC del Sistema Nacional de Salud y jefe de servicio de Neumología del Hospital Universitario La Princesa, de Madrid. Sin embargo, añade, una vez detectada, «estamos en condiciones de mejorar la calidad de vida del paciente con EPOC». Pero aquí hay un nuevo escollo, que se une a la falta de diagnóstico: la adherencia al tratamiento, pese a que los fármacos disponibles en la actualidad mejoran mucho los síntomas y frenan la progresión de la enfermedad. La primera medida es dejar de fumar, algo que cuesta mucho a los pacientes, ya que la mayoría han fumado una cajetilla diaria durante diez años. En las mujeres basta la mitad de esa dosis para desencadenar la EPOC.

Los broncodilatadores son la primera línea de tratamiento, y pueden combinarse con corticoides. En ambos casos, se administran mediante inhaladores o esprais para facilitar que el medicamento llegue a los pulmones. Pero utilizar un inhalador es más complejo que tomarse una pastilla, por lo que requiere un aprendizaje semejante al que facilita el personal de enfermería a las personas con diabetes cuando empiezan a utilizar insulina.

Entretanto, la receta electrónica permite evaluar la adherencia al tratamiento. Óscar López Moreno, vocal del Colegio de Farmacéuticos de Madrid, indica que «en los broncodilatadores hay un incumplimiento total. No los piden, pese a que los tienen pautados. Se debe informar mejor de la importancia de cumplir el tratamiento».

Sin embargo, su uso es fundamental. Cuando se padece EPOC, los bronquios y bronquiolos se vuelven menos elásticos. Esto mismo ocurre en los alveolos pulmonares, unos diminutos sacos donde tiene lugar el intercambio del dióxido de carbono por el oxígeno. En la EPOC, las paredes de los alveolos se rompen y se forman cavidades más grandes y menos elásticas, que hacen más difícil captar el oxígeno y eliminar el CO2. Los aerosoles facilitan esta tarea en los pulmones dañados, abriendo las vías respiratorias.

Dependientes del oxígeno

También les cuesta a los pacientes depender de un dispensador de oxígeno para respirar, como apunta el doctor Calvo, y recurren a él menos de lo necesario. Sixto Arenas, vicepresidente de la Asociación de Pacientes con EPOC, se enteró hace dos décadas de que padecía esta enfermedad, entonces más desconocida que ahora. Participa en la mesa del foro conectado al oxígeno que le ayuda a respirar durante buena parte del día.

Arenas explica que le costó dejar de fumar cuando recibió el diagnóstico. Por eso ve con disgusto como su hija está enganchada al tabaco. Y se lamenta de la facilidad de los jóvenes para acceder al tabaco, en variedades cada vez más dañinas. Para evitar que se enganchen, hay que ser estrictos, matiza enérgicamente. «Quien tiene la voz y puede hacerlo son las Administraciones, pero prima lo económico sobre la salud. Si no se ponen medios para atajarla, la EPOC pasará a ser la primera causa de muerte, en lugar de la tercera», advierte.

Pese a que el tabaco es la primera causa de muerte, en España todavía fuma a diario el 23% de la población mayor de 16 años (27,6% de los hombres y el 18,6% de las mujeres). La edad media para el inicio del consumo diario se sitúa en 14,2 años, y en 13,1 para el ocasional. Las mujeres se incorporaron tarde a este pernicioso hábito, pero sus consecuencias son peores en muchas de las patologías que provoca. Varios estudios han demostrado que las mujeres con EPOC tienen más dificultad para respirar, peor calidad de vida y menor capacidad de ejercicio en condiciones estables.

«El desarrollo pulmonar en la mujer acaba antes, a los 17 años frente a los 22 de hombre. El enfisema también es diferente, igual que la inflamación bronquial. El tema de EPOC y género es muy importante y debemos profundizar en él, porque cada vez hay más datos que indican que se manifiesta antes y es más agresiva en las mujeres, aunque la respuesta al tratamiento es semejante», señala Ancochea.

Las mujeres, más vulnerables

«Fumando mucho menos, media cajetilla diaria durante diez años, tiene el mismo efecto que en los hombres fumar el doble. El perfil actual es el de mujeres por debajo de los 40 con EPOC bastante avanzada ya. Llegan a la consulta diciendo que se ahogan en tareas que antes hacía sin problemas, como el cuidado de los padres o algún familiar enfermo. Hay que tener en cuenta el papel de la mujer en la sociedad como cuidadora, por lo que el impacto de la enfermedad es mucho mayor, ya que sobrepasa el plano personal. En las mujeres los diagnósticos son más precoces, porque la sensación de ahogo, que es el síntoma principal, es más difícil de pasar por alto», resalta Salvador Díaz Lobato, del Servicio de Neumología del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid.

Estos días se celebra en San Francisco (California) la reunión de la Academia Torácica Americana, y uno de los temas que atraen el interés de los especialistas es precisamente la EPOC. Entre las novedades, se destaca que incluso en fumadores cuyos pulmones parecen funcionar con normalidad, esta patología respiratoria ya está activa aunque pasa desapercibida incluso con la espirometría, como recoge el último número de «New England Journal of Medicine». O que un tipo de células del sistema inmune, los neutrófilos, podrían ser los responsables de que algunos pacientes respondan peor a la medicación.

La medicina sigue avanzando para atajar esta patología. «Estamos en condiciones de mejorar la calidad de vida de los pacientes», resalta Ancochea. Pero es necesario saber que se tiene, dejar de fumar y seguir la medicación que el especialista determina a cada paciente. Sin eso, la EPOC seguirá avanzando silenciosamente.

Autora: Pilar Quijada

Vía: abc

 

¿Por qué son tan difíciles de usar los inhaladores?

Los inhaladores son esenciales para el tratamiento de enfermedades respiratorias; sin embargo, todo el que los haya tenido entre sus manos por primera vez sabe que su uso no es precisamente sencillo. Un estudio acaba de constatar lo que algunos sanitarios saben desde hace tiempo: la educación del paciente es clave para que aprenda a coordinadar su respiración con el click que hará llegar la medicación hasta sus pulmones.

Los inhaladores suministran el medicamento en forma de polvo o líquido directamente hasta los pulmones y bronquios, sin necesidad de atravesar el sistema digestivo; lo que los convierte en aliados ideales en en dos grandes enfermedades: el asma y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC). Sin embargo, como reconocía recientemente un estudio en la revista Annals of the American Thoracic Society, se calcula que hasta el 86% de los pacientes tiene problemas para usarlos.

En un estudio con 120 pacientes de dos hospitales de Chicago, investigadores dirigidos por Valerie Press, constataron que un abordaje proactivo para formarles adecuadamente en la técnica adecuada podía reducir significativamente este porcentaje.

Laura Diego, coordinadora del Centro de Información de Medicamentos de Cataluña (Cedimcat), reconoce que es difícil encontrar estimaciones precisas en la literatura médica, pero “se calcula que menos del 50% de los pacientes los usa bien”. Ese mal uso significa que una parte del fármaco en polvo que debería llegar hasta el sistema respiratorio se queda en la boca y el paciente no experimentará la mejoría prevista, o su médico tendrá que revisar su dosis, cambiarle de tratamiento… “Y aunque hay algunas alternativas, los inhaladores son la base del tratamiento y es lo que mejor funciona”, apunta Diego.

Multitud de sistemas
En los últimos años han proliferado en el mercado los sistemas de inhalación, lo que ha supuesto una mejora para los pacientes, que antes ni siquiera podían saber las dosis que quedaban. “Es cierto que ha habido avances, pero no se puede decir que haya un inhalador que sea el mejor, sino que hay que buscar el que mejor se adapte a las necesidades y capacidades de cada paciente”. La clave, resalta Diego, es usar bien el que sea (“si funciona, a ser posible, no cambiar el inhalador”); y que médicos y enfermeros dediquen el tiempo suficiente en la consulta para que el paciente aprenda a usarlo antes de irse a casa y reevalúen su uso periódicamente.

Los dos grandes grupos de inhaladores son los presurizados (tipo ventolín), que disparan el medicamento al apretar; y los llamados de polvo seco, que el paciente activa con su propia inhalación.

En general, especifica la especialista del Cedimcat (un centro que dispone de información para pacientes en su página web), los dos errores más comunes al usar este tipo de medicación es que no se coordine la respiración con la aspiración del fármaco (en el caso de los presurizados) y que no se contenga la respiración unos 5-10 segundos una vez inhalado el fármaco, en una especie de apnea post-inhalación.

Aunque eso sí, añade, todas estas dificultades no suponen que no se puedan llegar a usar bien, “la clave está en la formación y encontrar el inhalador más apropiado para cada persona”. Eso sí, como coincide con sus colegas del trabajo estadounidense, en el caso de ancianos y niños los especialistas deben poner quizás una dosis extra de paciencia y formación para que puedan alcanzar un uso óptimo y, sobre todo, valorar el uso de cámaras (un sistema a modo de mascarilla que facilita su uso en estas poblaciones).

En niños
En el caso de los niños, explica el doctor Javier Pellegrini, vicepresidente de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPAP), estos dispositivos son esenciales si se tiene en cuenta que el asma es la enfermedad crónica más frecuente en la infancia.

“Ya puedes diagnosticar bien la enfermedad, establecer el tratamiento y la dosis, que si el niño no sabe inhalar no estás haciendo nada”, explica a EL MUNDO el responsable del grupo de trabajo de Asma y Alergias de la AEPAP. Por eso, insiste en que los profesionales deben saber usar correctamente estos dispositivos y enseñar su uso a los pacientes: “ningún niño debe salir de la consulta sin saber usarlo, y si el propio médico no lo sabe usar difícilmente lo va a poder enseñar”.

En el caso de los niños es importante usar dispositivos adecuados a cada edad, para asegurarse de que la dosis del fármaco llega correctamente a su sistema respiratorio. Así, por ejemplo, en el caso de los más pequeños, el tratamiento se realiza con unas cámaras con mascarilla (en la que el medicamento queda flotando en suspensión), de manera que el niño sólo tiene que respirar normalmente.

A partir de los tres o cuatro años (“un poco antes las niñas que los niños”, explica el pediatra), ya se puede sustituir la mascarilla por una boquilla, que el propio niño puede ajustar fácilmente a sus labios. “Yo siempre recomiendo que se use primero con los hermanos mayores o incluso con los padres, para que ellos quieran después hacerlo y no le cojan miedo”.

A partir de los seis años, los niños ya están preparados para usar los sistemas de polvo seco; una especie de cilindros con boquilla (denominados turbohaler) que el niño debe atraer hacia sus pulmones con fuerza. “Estos son muy útiles, salvo en caso de una crisis asmática, porque entonces el pequeño no tiene la fuerza suficiente para inspirar”.

Sólo a partir de los 9-11 años, los niños con asma ya están preparados para usar los inhaladores del tipo ventolín, que disparan el medicamento a los bronquios (“a una velocidad de 100 km/h”). El problema, como subraya el doctor Pellegrini, es que estos dispositivos requieren una gran coordinación entre el disparo y la respiración para que el paciente inhale correctamente la medicación.

“Si tenemos en cuenta que el 10% de los niños padecen asma, la inhalación es muy importante”, explica el pediatra de Atención Primaria. Aunque, como él mismo indica, al final, todos los niños consiguen aprender, y sólo en casos muy puntuales (“en pequeños con ciertas alteraciones o con parálisis cerebreb”) hay que recurrir a nebulizadores portátiles con mascarilla como alternativa a los inhaladores.

Autora: María Valerio Sainz

Vía: elmundo