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Consejos para convivir con la enfermedad pulmonar obstructiva crónica

La enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) altera la respiración normal y puede llegar a ser muy grave. Se caracteriza porque el aire encuentra dificultad para pasar por los bronquios, debido a que estos están inflamados y, por lo tanto, el espacio para que circule el aire en su interior se hace más estrecho.

Durante las primeras etapas de la enfermedad, suele aparecer “una tos que generalmente produce una gran cantidad de esputo en los pulmones; dificultad para respirar, falta de aliento y respiración sibilante; sensación de cansancio, incluso al realizar actividades diarias sencillas y dificultad para dormir porque uno se despierta sin aliento o tosiendo”, señalan los especialistas del Instituto del Corazón de Texas.

En etapas más avanzadas, los síntomas de EPOC son: “Una coloración azulada de la piel de los labios, los dedos de las manos y de los pies; acumulación de líquido en las piernas y en los pies; dolor de cabeza al despertarse por la mañana; adelgazamiento y una extrema falta de aliento que hace muy difícil realizar todo tipo de actividades”, añaden.

Cambio de estilo de vida
La principal causa de la EPOC es el tabaco. De hecho, según datos de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR), entre el 85 por ciento y el 90 por ciento de los pacientes con esta enfermedad han sido fumadores.

“Está científicamente probado que el tabaco es el principal factor de riesgo de EPOC, hasta el punto de que un 20 por ciento de los fumadores acaba desarrollando EPOC. Es por tanto fácil deducir que no fumar es la mejor medida preventiva contra la enfermedad pulmonar obstructiva crónica”, señala Juan Antonio Riesco, coordinador del Año SEPAR 2015-2016 de la EPOC y el tabaco. Sin embargo, un número elevado de pacientes con EPOC sigue fumando. SEPAR estima que esta cifra se encuentra entre el 30 por ciento y el 70 por ciento de los afectados por la enfermedad.

“Cuando los pacientes con EPOC siguen fumando, el deterioro de la función pulmonar se acelera, sufren más exacerbaciones y hospitalizaciones y, a la vez, disminuye la eficacia de los tratamientos en un 60 por ciento. En definitiva, merma su calidad de vida y su capacidad de llevar una vida más o menos normalizada mengua considerablemente”, manifiesta el doctor Riesco. En este sentido, la Organización Mundial de la Salud (OMS) destaca que la EPOC “no se cura y es esencial dejar de fumar para prevenir la progresión de la enfermedad”.

En lo relativo al estilo de vida, esta entidad recomienda dejar de fumar, seguir una alimentación equilibrada y mantener un peso normal, evitar las zonas donde haya contaminación atmosférica, aprender métodos de respiración para hacerlo con más facilidad, permanecer lo más activo posible y vacunarse contra la gripe todos los años para evitar las infecciones respiratorias que puedan agravar la EPOC.

Debido a la fatiga y a la sensación de ahogo, muchos pacientes con EPOC tienden a reducir su actividad física. Sin embargo, los neumólogos señalan que el ejercicio es beneficioso para las personas con esta enfermedad. Así, la guía “Convivir con la EPOC”, publicada por la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR) indica que el ejercicio ayuda a mejorar los músculos, las articulaciones, el corazón y la presión arterial.

Además, ayuda a disminuir los síntomas de EPOC, sobre todo la disnea, contribuye a que la enfermedad avance más despacio, hace que se reduzcan el estrés, la ansiedad y la depresión y, en definitiva, mejora la calidad de vida de las personas con EPOC. Los autores de esta guía apuntan que hay programas de rehabilitación respiratoria en los que se puede conocer la enfermedad con más profundidad y comenzar a hacer ejercicio físico bajo la supervisión de profesionales. Pero destacan que, más allá de estos programas, el objetivo para los pacientes con EPOC debe ser mantenerse lo más activos posible y procurar no pasar demasiado tiempo sentados o tumbados.

Otro aspecto a tener en cuenta es la alimentación, pues las alteraciones del peso son frecuentes entre los enfermos de EPOC, tanto por exceso como por defecto. Por ello, la Fundación Europea del Pulmón aconseja el consumo de frutas y verduras. “Es importante que comer sano forme parte de su rutina diaria”, expone esta entidad.

Además, para mantener la EPOC bajo control, es imprescindible cumplir meticulosamente con el tratamiento prescrito por el neumólogo y someterse a revisiones con regularidad. Se deben seguir estrictamente las indicaciones del facultativo pues “el uso de cualquier medicación sin control médico puede ser perjudicial para la salud”, advierten los especialistas de SEPAR.

Del mismo modo, manifiestan que el tratamiento de la EPOC es para toda la vida y hacen hincapié en la necesidad de cumplirlo de forma correcta sin olvidar ninguna toma y de acudir a cada una de las visitas programadas con el equipo médico que se ocupa de la enfermedad.

Autora: Purificación León

Vía: elnuevoherald

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Fumar menos de un cigarro al día también mata

El típico cigarrito de vez en cuando mata más de lo que se podría esperar. Así lo demuestra un estudio que ha analizado la salud de casi 300.000 personas. El trabajo sostiene que las personas que fuman menos de un pitillo al día tienen un 64% más riesgo de muerte prematura que los no fumadores. Aquellos que consumen de uno a 10 cigarros al día aumentan ese riesgo hasta el 87%, según el trabajo. Los fumadores esporádicos multiplican por nueve su riesgo de morir de cáncer, según un estudio

El tabaco mata hasta a uno de cada dos fumadores y sigue siendo una de las principales causas de defunción evitables, según la Organización Mundial de la Salud. Esta droga legal mata a cinco millones de personas cada año, más que los accidentes de tráfico, el VIH y el suicidio juntos. En España, más de 160 personas mueren cada día por enfermedades provocadas por el tabaquismo.

“No hay un nivel seguro de exposición al humo del tabaco”, resume Maki Inoue-Choi, investigador del Instituto Nacional del Cáncer de EE UU y primer autor del trabajo. “Fumar unos pocos cigarrillos al día tiene importantes efectos en la salud y aporta más pruebas de que” dejarlo “beneficia a todos los fumadores, sin importar cuánto tabaco consuman”, ha resaltado en una nota de prensa difundida por su institución. A pesar de las muchas pruebas, hay aún una falsa “percepción, en especial entre los jóvenes, de que este nivel de consumo es seguro”, denuncia el estudio.

El trabajo, publicado en la revista médica JAMA Internal Medicine, ha analizado a 290.000 estadounidenses de entre 59 y 82 años a lo largo de su vida. Los datos muestran que aquellos que fuman menos de un cigarro al día tienen nueve veces más riesgo de morir de cáncer de pulmón. Las personas que fuman entre uno y 10 pitillos al día multiplican ese riesgo por 12. Este segundo grupo también tiene seis veces más riesgo de morir por enfermedades respiratorias y 1,5 veces más de dolencias cardiovasculares. Los resultados eran similares en hombres y en mujeres. La mayor parte de las personas que decían fumar menos de un cigarrillo al día fumaban más antes.

El impacto en la salud pública podría ser incluso mayor del calculado. La mayoría de los participantes en el estudio eran blancos, lo que deja fuera a los negros y otros grupos entre los que este tipo de consumo de tabaco ha sido más elevado durante décadas. Los responsables del análisis reconocen algunas limitaciones, por ejemplo que se basan en encuestas y que, en general, el número de “fumadores de baja intensidad” es relativamente pequeño, por lo que ha sido difícil afinar el impacto en la salud de los hábitos de diferentes fumadores esporádicos.

“Los resultados son totalmente generalizables”, resalta Esteve Fernández, investigador del Instituto Catalán de Oncología. Este experto en tabaquismo resalta la importancia de este estudio al cuantificar los efectos de los fumadores ocasionales, un perfil bien conocido en España pero menos estudiado. “Nosotros lo denominamos el fumador contento, que se cree que controla los riesgos para su salud aunque le digamos que cualquier dosis de tabaco es mala”, resalta. Entre estos consumidores se da la falsa percepción de que fumar tabaco de liar o consumir menos cigarrillos de este tipo “es más sano, pero nosotros hemos demostrado que sus niveles de nicotina en saliva son los mismos”, añade.

Autor: Nuño Domínguez

Vía: elpais

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La dieta sana, ¿clave contra la EPOC?

Cada año mueren 18.000 españoles por causa de la EPOC, hecho que la convierte en la primera causa de muerte evitable en España y en la única patología relacionada con el tabaco cuya mortalidad sigue aumentando. Actualmente, está clasificada como la tercera causa de muerte en el mundo, por eso investigadores llevan tiempo investigando cómo la alimentación saludable podría promover la salud pulmonar.

Comer una dieta rica en grasas poliinsaturadas y nueces, así como baja en carne roja y procesada y bebidas azucaradas se asocia con un menor riesgo de enfermedad pulmonar crónica (enfermedad pulmonar obstructiva crónica o EPOC), según revela un estudio publicado esta semana en ‘British Medical Journal’.

El factor de riesgo predominante para la EPOC en el mundo desarrollado es el consumo de tabaco, pero hasta un tercio de los pacientes con EPOC nunca han fumado, lo que sugiere que otros factores están involucrados. Constantemente, se ha vinculado una dieta saludable con un menor riesgo de enfermedad cardiaca y cáncer, pero se desconoce el papel de la dieta en el riesgo de EPOC.

Un equipo de investigadores con sede en Francia y Estados Unidos se propuso estudiar la asociación entre el Índice Alternativo de Alimentación Saludable 2010 (AHEI-2010), una medida de la calidad de la dieta basada en el conocimiento científico actual, y el riesgo de la EPOC. Se analizaron los datos de más de 120.000 hombres y mujeres estadounidenses que participan en el Estudio de Salud de Enfermeras 1984-2000 y el Estudio de Profesionales de la Salud 1986-1998.

AMPLIA INVESTIGACIÓN  

Los participantes completaron cuestionarios periódicos sobre la ingesta alimentaria y a los que tenían un diagnóstico de enfisema o bronquitis crónica entre 1984 y 2000 también se les evaluó la EPOC. La puntuación de la dieta de AHEI-2010 se basa en 11 componentes, con más puntos reflejando un alto consumo de verduras, granos enteros, grasas poliinsaturadas, nueces y grasas omega-3 de cadena larga, consumo moderado de alcohol y baja ingesta de carnes rojas y procesadas, granos refinados y bebidas azucaradas.

Durante el periodo de estudio, se produjeron 723 casos de EPOC diagnóstico reciente en mujeres y 167 en hombres. Tras ajustar por 12 factores como la edad, la actividad física, el índice de masa corporal, el tabaquismo y el origen étnico, el riesgo de la EPOC de nuevo diagnóstico fue un tercio menor en los participantes que tomaron la dieta más saludable según AHEI-2010 en comparación con los que llevaban una alimentación menos saludable.

Los resultados fueron similares en los exfumadores y los fumadores actuales, así como en mujeres y hombres. Por el contrario, la puntuación de la dieta según AHEI-2010 no tenía relación con el asma incidente, como vieron los autores de esta investigación.

“Es un nuevo hallazgo que apoya la importancia de la dieta en la patogenia de la EPOC -subrayan los científicos–. A pesar de que los esfuerzos por prevenir la EPOC deben seguir centrándose en dejar de fumar, estos resultados prospectivos apoyan la importancia de una dieta saludable en programas multi-intervención para prevenir la EPOC”.

Vía: Infosalus

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La actividad física controlada es beneficiosa en pacientes con EPOC

La falta de actividad física en los pacientes con Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC) es un elemento más del círculo vicioso que origina sus limitaciones en la vida diaria. Es por ello que el sedentarismo debe considerarse como un objetivo terapéutico que debe abordarse desde las fases iniciales de la enfermedad.

De hecho, un estudio afirma que la actividad física habitual en pacientes con EPOC reduciría hasta un 40% el riesgo de hospitalización y mortalidad. Y no sólo eso, sino que también jugaría un papel importante en la prevención de la enfermedad. “El mecanismo por el que el ejercicio es beneficioso y mejora la calidad de vida de estos  pacientes es el mismo que en la población general: mejoría de la función cardiaca y muscular, aumento del consumo de oxígeno y disminución de la inflamación de los pulmones, además de la potenciación del sistema inmunológico y la mejora de la autoestima y el humor”, explica la Dra. Patricia García Sidro, neumóloga del Hospital La Plana (Villareal).

Tendencia al sedentarismo

Sin embargo, estas personas muestran una clara tendencia al sedentarismo, lo que les predispone a una mayor obstrucción bronquial y dificultad para respirar. Un tercio de ellos son inactivos y sólo un 30% de ellos desarrolla un gasto energético suficiente para obtener los beneficios del ejercicio sobre la salud y disminuir el riesgo de empeoramiento de la enfermedad.

La actividad física habitual en pacientes con EPOC reduciría hasta un 40% el riesgo de hospitalización y mortalidad Las causas no son claras, en palabras de la Dra. García Sidro: “Saber realmente a qué se debe su escasa actividad física es complejo ya que probablemente implique la interacción de varios factores tanto de la propia enfermedad, como es el grado de obstrucción y el atrapamiento aéreo, que contribuyen a la aparición de la disnea o sensación de falta de aire; como psicosociales, culturales o de otras enfermedades asociadas”.

La neumóloga también apunta a la falta de información de los pacientes con EPOC acerca de los beneficios de la actividad física sobre su función pulmonar y subraya que la tendencia general es limitar sus actividades, muchas veces por miedo a empeorar o a incrementar los síntomas relacionados con el esfuerzo. “Debería ser obligación de todo personal sanitario promover un buen estado de salud, y eso incluye indudablemente potenciar el ejercicio físico diario”, apostilla la Dra. García Sidro.

Ejercicios más recomendados

Actualmente, se desconoce la duración, la intensidad y la frecuencia de actividad física más adecuada. Las guías recomiendan la realización de al menos 30 minutos de actividad física de intensidad moderada el mayor número de días posible para conseguir beneficios sobre el estado de salud.

La Dra. Patricia García Sidro recomienda caminar o bien realizar ejercicio con bicicleta estática (o pedalear) durante al menos 30 minutos, descansando todas las veces que sea necesario y/o utilizando medicación de rescate. Todo ello, combinado con ejercicios de brazos con pesas o cintas elásticas. Otra opción es apuntarse a un gimnasio bajo la supervisión de personal cualificado o practicar natación. Hinchar globos también es una práctica beneficiosa para mejorar la función pulmonar, en opinión de la neumóloga.

EPOC : 5 razones para llevar una vida activa

  1. La actividad física favorece que los pulmones y los músculos continúen funcionandotan bien como antes, conservando una mejor salud durante más tiempo
  2. Ayuda a reducir la dificultad para respirar al hacer ejercicio, lo que motiva a seguir manteniéndose activo
  3. Disminuye el cansancio en las piernas, eleva los niveles de energía y mejora la fuerza muscular, lo que tiene un efecto positivo en las actividades del día a día como caminar, ir de compraso realizar actividades de ocio.
  4. Potencia el sistema inmunológico y mejora la autoestima y el humor, evitando caer en un estado de depresión
  5. Tener buena forma física favorece la independencia de los pacientes, facilitando la realización de las tareas cotidianas sin necesidad de ayuda

Referencias

Esteban, Cristóbal. Impacto de la actividad física en la EPOC. Arch Bronconeumol. 2009; 45(Supl 5): 7-13
Margarita Marín Royo, Concha Pellicer Císcar, Cruz González Villaescusa, María José Bueso Fabra, Carmen Aguar Benito, Ada Luz Andreu Rodríguez, Alberto Herrejón Silvestre, Juan José Soler Cataluña. Actividad física y su relación con el estado de salud en pacientes EPOC estables. Arch Bronconeumol. 2011;47:335-42. – Vol. 47 Núm.07
European Lung Foundation. Hojas informativas osbre los pulmones. Cómo llevar una vida activa con EPOC. Disponible en http://www.europeanlung.org/assets/files/es/publications/vivir-plenamente-con-epoc.pdf

Vía: europeanlung

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¿Por qué son tan difíciles de usar los inhaladores?

Los inhaladores son esenciales para el tratamiento de enfermedades respiratorias; sin embargo, todo el que los haya tenido entre sus manos por primera vez sabe que su uso no es precisamente sencillo. Un estudio acaba de constatar lo que algunos sanitarios saben desde hace tiempo: la educación del paciente es clave para que aprenda a coordinadar su respiración con el click que hará llegar la medicación hasta sus pulmones.

Los inhaladores suministran el medicamento en forma de polvo o líquido directamente hasta los pulmones y bronquios, sin necesidad de atravesar el sistema digestivo; lo que los convierte en aliados ideales en en dos grandes enfermedades: el asma y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC). Sin embargo, como reconocía recientemente un estudio en la revista Annals of the American Thoracic Society, se calcula que hasta el 86% de los pacientes tiene problemas para usarlos.

En un estudio con 120 pacientes de dos hospitales de Chicago, investigadores dirigidos por Valerie Press, constataron que un abordaje proactivo para formarles adecuadamente en la técnica adecuada podía reducir significativamente este porcentaje.

Laura Diego, coordinadora del Centro de Información de Medicamentos de Cataluña (Cedimcat), reconoce que es difícil encontrar estimaciones precisas en la literatura médica, pero “se calcula que menos del 50% de los pacientes los usa bien”. Ese mal uso significa que una parte del fármaco en polvo que debería llegar hasta el sistema respiratorio se queda en la boca y el paciente no experimentará la mejoría prevista, o su médico tendrá que revisar su dosis, cambiarle de tratamiento… “Y aunque hay algunas alternativas, los inhaladores son la base del tratamiento y es lo que mejor funciona”, apunta Diego.

Multitud de sistemas
En los últimos años han proliferado en el mercado los sistemas de inhalación, lo que ha supuesto una mejora para los pacientes, que antes ni siquiera podían saber las dosis que quedaban. “Es cierto que ha habido avances, pero no se puede decir que haya un inhalador que sea el mejor, sino que hay que buscar el que mejor se adapte a las necesidades y capacidades de cada paciente”. La clave, resalta Diego, es usar bien el que sea (“si funciona, a ser posible, no cambiar el inhalador”); y que médicos y enfermeros dediquen el tiempo suficiente en la consulta para que el paciente aprenda a usarlo antes de irse a casa y reevalúen su uso periódicamente.

Los dos grandes grupos de inhaladores son los presurizados (tipo ventolín), que disparan el medicamento al apretar; y los llamados de polvo seco, que el paciente activa con su propia inhalación.

En general, especifica la especialista del Cedimcat (un centro que dispone de información para pacientes en su página web), los dos errores más comunes al usar este tipo de medicación es que no se coordine la respiración con la aspiración del fármaco (en el caso de los presurizados) y que no se contenga la respiración unos 5-10 segundos una vez inhalado el fármaco, en una especie de apnea post-inhalación.

Aunque eso sí, añade, todas estas dificultades no suponen que no se puedan llegar a usar bien, “la clave está en la formación y encontrar el inhalador más apropiado para cada persona”. Eso sí, como coincide con sus colegas del trabajo estadounidense, en el caso de ancianos y niños los especialistas deben poner quizás una dosis extra de paciencia y formación para que puedan alcanzar un uso óptimo y, sobre todo, valorar el uso de cámaras (un sistema a modo de mascarilla que facilita su uso en estas poblaciones).

En niños
En el caso de los niños, explica el doctor Javier Pellegrini, vicepresidente de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPAP), estos dispositivos son esenciales si se tiene en cuenta que el asma es la enfermedad crónica más frecuente en la infancia.

“Ya puedes diagnosticar bien la enfermedad, establecer el tratamiento y la dosis, que si el niño no sabe inhalar no estás haciendo nada”, explica a EL MUNDO el responsable del grupo de trabajo de Asma y Alergias de la AEPAP. Por eso, insiste en que los profesionales deben saber usar correctamente estos dispositivos y enseñar su uso a los pacientes: “ningún niño debe salir de la consulta sin saber usarlo, y si el propio médico no lo sabe usar difícilmente lo va a poder enseñar”.

En el caso de los niños es importante usar dispositivos adecuados a cada edad, para asegurarse de que la dosis del fármaco llega correctamente a su sistema respiratorio. Así, por ejemplo, en el caso de los más pequeños, el tratamiento se realiza con unas cámaras con mascarilla (en la que el medicamento queda flotando en suspensión), de manera que el niño sólo tiene que respirar normalmente.

A partir de los tres o cuatro años (“un poco antes las niñas que los niños”, explica el pediatra), ya se puede sustituir la mascarilla por una boquilla, que el propio niño puede ajustar fácilmente a sus labios. “Yo siempre recomiendo que se use primero con los hermanos mayores o incluso con los padres, para que ellos quieran después hacerlo y no le cojan miedo”.

A partir de los seis años, los niños ya están preparados para usar los sistemas de polvo seco; una especie de cilindros con boquilla (denominados turbohaler) que el niño debe atraer hacia sus pulmones con fuerza. “Estos son muy útiles, salvo en caso de una crisis asmática, porque entonces el pequeño no tiene la fuerza suficiente para inspirar”.

Sólo a partir de los 9-11 años, los niños con asma ya están preparados para usar los inhaladores del tipo ventolín, que disparan el medicamento a los bronquios (“a una velocidad de 100 km/h”). El problema, como subraya el doctor Pellegrini, es que estos dispositivos requieren una gran coordinación entre el disparo y la respiración para que el paciente inhale correctamente la medicación.

“Si tenemos en cuenta que el 10% de los niños padecen asma, la inhalación es muy importante”, explica el pediatra de Atención Primaria. Aunque, como él mismo indica, al final, todos los niños consiguen aprender, y sólo en casos muy puntuales (“en pequeños con ciertas alteraciones o con parálisis cerebreb”) hay que recurrir a nebulizadores portátiles con mascarilla como alternativa a los inhaladores.

Autora: María Valerio Sainz

Vía: elmundo

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Decálogo para luchar contra la EPOC

La Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC), que tanto nos inquieta, o tan poco, ya que solo el 17% de la población es capaz de reconocerla, se puede prevenir casi por completo dejando de fumar; pero como la realidad es muy tozuda, el neumólogo jefe del madrileño Hospital de La Princesa, Julio Ancochea Bermúdez, nos aporta un decálogo de compromisos para saldar las deudas de la epoc.

La última actualización de la Organización Mundial de la Salud sobre estimaciones mundiales de afectados por la epoc (COPD en inglés) ha situado el número de casos por encima de los 328 millones de personas (168 millones de varones y 160 millones de mujeres), casi 119 millones más que a principios de los años noventa.

El acrónimo EPOC se corresponde con las palabras enfermedad, pulmonar, obstructiva y crónica; patología que se caracteriza esencialmente por la inutilidad progresiva de los pulmones (bronquios, bronquiolos y alveolos), y que se manifiesta clínicamente por ahogamiento, disnea o dificultad al respirar, acompañada, a menudo, de tos con o sin expectoración.

Los enfermos con epoc muy avanzada, estadios 3-4, necesitan medicinas inhaladas más de tres veces al día, otro inhalador de rescate para pequeñas crisis de ahogo, fisioterapia respiratoria, oxígeno medicinal, temporal o constantemente, y ayuda de sus familiares o cuidadores durante las 24 horas del día.

En su grado más severo, los pacientes apenas pueden salir de casa. Van de la cama al sofá, del sofá a la mesa, de la mesa al sofá, del sofá a la cama y vuelta a empezar al día siguiente cuando consiguen levantarse. Cualquier mínimo esfuerzo les produce opresión y ahogo, síntomas que no pocas veces preceden a una exacerbación que les conduce directos a las Urgencias de un hospital.

Decálogo de compromisos para saldar las deudas de la epoc.

  • El tabaquismo es el hábito causante de la epoc en el 90% de los fumadores o exfumadores.

Por lo tanto, sus daños se conocen de antemano. El retrato robot de un paciente sería el de un hombre mayor de 65 años, aunque en los últimos años destaca su mayor incidencia en la mujer.

  • La epoc es una enfermedad extraordinariamente prevalente.

Valga un ejemplo: afecta al 10,2% de los españoles entre 40 y 80 años de edad según marca el estudio EPI-SCAN (15,1% en varones y 5,7% en mujeres). Se calcula que puede haber 2.156.000 pacientes con epoc. Provoca 50 muertes diarias, alrededor 18.000 al año. Se sitúa en el cuarto puesto de causa de muerte en los países desarrollados.

  • La epoc está infradiagnosticada, más si cabe en mujeres, y se trata de forma tardía.

Al ser una patología tan silenciosa como el humo, el diagnóstico llega a poco más del 20% de los afectados, es decir, cerca del 75% de los enfermos desconocen que padecen epoc, que están enfermos, y muchos de ellos continúan fumando sin saber lo que les está pasando a sus vías respiratorias.

  • La epoc se ha convertido en el paradigma de las enfermedades crónicas.

Al ser progresiva e invalidante, con diversas comorbilidades asociadas -trastornos secundarios- se une al envejecimiento, donde abunda la polimedicación. La epoc es más prevalente a medida que avanza la edad. Aún así, el 25% de los enfermos de epoc no deja el tabaco.

  • La epoc supone un tremendo coste sanitario para los Sistemas Nacionales de Salud.

Se calcula que el gasto derivado de la epoc en España se sitúa en una horquilla que va de los mil a los tres mil millones de euros anuales (alrededor de 3.260 millones de dólares), lo que supone un 2% de este capítulo presupuestario y un 0,2 del PIB.

Los costes directos son los recursos consumidos por la hospitalización y las exacerbaciones -agudizaciones- de los pacientes (40%-45%), los fármacos y la dependencia del oxígeno (35%-40%), las consultas programadas y las pruebas diagnósticas (15%-25%). El coste medio anual por paciente se estima entre 1.712 y 3.238 euros.“Hay otros costes indirectos -señala Julio Ancochea-, como son los costes intangibles… ¿Cuánto dinero vale una unidad de calidad de vida?… ¿Cuánto dinero vale el no poder ir al parque infantil a jugar al balón con tus nietos?”.

  • La epoc se diagnostica con una simple y asequible espirometría.

Cualquier ciudadano mayor de cuarenta años de edad, fumador de 120 cajetillas de cigarrillos al año, alrededor de 2.400 pitillos, debería examinar el estado de sus pulmones con prueba broncodilatadora. Nos ahorraríamos miles de millones de euros.

“Tenemos un sistema sanitario magnífico, pero no exento de paradojas -dice-. España dispone de un programa de trasplante pulmonar absolutamente modélico para todo el mundo y, en cambio, la epoc avanzada en el adulto joven es la primera causa de indicación de trasplante pulmonar, que requiere cuantiosos recursos económicos y humanos y una coordinación extraordinaria”.

Para el neumólogo, frente a las virtudes resaltan aún más las deficiencias: “A nivel de atención primaria no hemos conseguido todavía que se practiquen espirometrías en muchas comunidades autónomas. Qué paradoja, lo más sofisticado frente a lo más elemental”.

  • El Estado se ahorra en epoc numerosos costes económicos con la sustitución de los cuidados profesionales por la voluntariedad de los cuidadores privados.

Dato que se ha publicado recientemente en “El libro blanco sobre la carga socio-económica de la epoc” en España.

“El paciente de epoc es una persona mayor que está cuidada por su cónyuge, a menudo mujer, quien le dedica prácticamente el 100% de su tiempo. Está pendiente de él todas las horas del día, prácticamente los siete días de la semana. El ahorro atribuible a cada cuidador informal sería aproximadamente de 40.000 euros por paciente“, observa Ancochea.

El tratamiento de la epoc se tiene que basar en un pacto respetuoso entre enfermos, cuidadores y personal sanitario. La clave está en la adherencia a los tratamientos.

“Debe ser una relación democrática, nunca jerárquica en la que el médico receta o el médico indica. Es, como lo definió mi amigo Albert Jovell, una “alianza terapéutica”. El paciente tiene que conocer las bases de la enfermedad. En esto se fundamenta la educación para la salud, y debe fomentar sus hábitos de autocuidado. Tiene que ser un sujeto activo, protagonista en el control de su enfermedad”.

  • La epoc necesita políticas científico-técnicas de calidad.

“Hay que hacer las cosas bien -subraya Ancochea-. No puede existir la variabilidad que hay hoy en día en la práctica clínica. Tenemos que tener guías, normativas que nos orienten en la toma de decisiones, fundamentadas en la mejor evidencia científica disponible”.

En España se dispone de GesEPOC, una guía en la que han participado todas las sociedades científicas implicadas en el manejo de la epoc.

“Pongámosla en práctica… y esta vez establezcamos estándares de calidad asistencial e indicadores que nos permitan saber cómo lo estamos haciendo, es decir, comprobar los resultados en la salud real de cada paciente”.

  • La epoc necesita más investigación.

“La neumología española juega un papel relevante en el contexto mundial en cuanto a publicaciones, pero se echan de menos proyectos de investigación que nazcan de la propia atención primaria”, asegura.

“La investigación debe plantearse en todas las dimensiones de la epoc: epidemiológica, clínica, básica o traslacional. Y debe estar centrada en la innovación de los tratamientos, en la cronicidad de la patología”, añade.

  • La epoc es una patología oculta en nuestra sociedad.

Prácticamente ausente en el debate público y privado, a pesar de su prevalencia y de su impacto económico, personal y social.

“¡Una nueva paradoja -sostiene-. La epoc afecta a más de dos millones ciento cincuenta mil personas solo en España y, a veces, se conocen más y mejor ciertas enfermedades raras o ultra raras que la propia epoc”.

Hay que hacer un ejercicio especial de divulgación dirigido hacia la población y hacia los medios de comunicación; a la sociedad en general.

“Pero también hacia los que toman las decisiones en materia político-sanitaria. Aunque la epoc ya está en primera línea, políticos, ciudadanos y especialistas tenemos que caminar juntos en el cumplimiento de estas diez líneas estratégicas“, afirma el doctor Julio Ancochea.

Autor: GREGORIO DEL ROSARIO

Vía: efesalud

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La EPOC en primera persona

EFEsalud ha accedido a una consulta médica para conocer de primera mano los efectos del tabaco. Toribio, Juan, Julia, Albano, María Dolores y Eduardo fumaban y ahora viven pendientes de las medicinas inhaladas o de una botella de oxígeno dieciséis horas al día.

Todos ellos forman parte de los 2.100.000 españoles afectados de Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC) en sus diferentes grados, aunque el 73% no lo saben. Un millón y medio de personas no están diagnosticadas a pesar de que la EPOC será la tercera causa de muerte en el año 2030.

Los pacientes de la doctora Rosa Mar Gómez-Punter, neumóloga del Hospital de La Princesa de Madrid, son fumadores o exfumadores. Tienen sus vías respiratorias muy afectadas y superan con mucho los cuarenta años de edad, cuando la EPOC empieza a dar su verdadera cara (tos, expectoración y fatiga).

Estos enfermos, de estadío 3/4 en EPOC muy avanzada, necesitan medicinas inhaladas más de tres veces al día, otro inhalador de ‘rescate’ para pequeñas crisis de ahogo, fisioterapia respiratoria, oxígeno medicinal casi permanente y ayuda de sus familiares.

Generación de fumadores

Toribio es un señor de los de antes. Con 88 años, viste traje y corbata. Escucha con atención a la doctora y contesta a las preguntas del periodista sin disimulo: “Fumaba como un carretero. Todo el mundo lo hacía y yo también”. “Ahora soy como un coche viejo que tiene que ir al taller”.

Mientras la doctora le aplica el estetoscopio en la espalda y en el pecho, Toribio presume de “motor”, aunque le cuesta reconocer que el tabaco le ha dejado sin gasolina y que su bólido llegará a la meta con la carburación echando humo en la recta final de la vida.

“No se debería fumar… no te beneficia en nada”, reflexiona antes de despedirse con suma cordialidad.

Juan entra a continuación en la consulta siguiendo los pasos de su respiración. Fuma desde que era un chaval. Se aplasta en la silla. Las palabras salen cansadas de su boca: “Doctora, me fatigo muchísimo… apenas puedo levantarme de la cama y cuando lo consigo… me tengo que sentar de nuevo a descansar”. Juan, que era ebanista de profesión, duerme con una botella de oxígeno.

Rosa Mar le observa; le pregunta; rellena datos en su ficha… sabe que hay algo escondido. Juan la mira, pero su respiración lo delata. La Doctora le coloca un pulsioxímetro en el dedo índice… Juan está algo peor y termina reconociendo que sigue ‘en la brecha’… cuatro o cinco cigarrillos al día.

Stop a la EPOC

Juan admite, también, que le da vergüenza pasear por la calle con la botella de oxígeno a cuestas y que no hace los ejercicios de fisioterapia respiratoria obligatorios para poder expectorar las flemas blanquecinas que se acumulan en la tráquea.

“Así no conseguimos nada” le dice la doctora. Para que la EPOC no avance y el pulmón no deje de funcionar hay que acabar con la adicción al tabaco. No hay atajos, ni escapatoria, ni escondites, ni excusas.

Juan promete cambiar, una vez más, y la doctora le ofrece una sonrisa llena de ternura. Entonces Juan piensa en su nieto, que ya fuma y rehuye las verdades del abuelo: “El tabaco es una salvajada y deberían prohibirlo; incluso dejar de fabricarlo. Es una auténtica porquería”.

Según datos de 2011, el 18% de los españoles fuma y alrededor de 55.000 fallecen a causa del tabaco cada año, una mortalidad superior a la suma de las ocasionadas por el sida, el alcohol, las drogas ilegales y los accidentes de tráfico.

Las dos caras de la moneda

La doctora Rosa Mar abre la puerta a Julia, de 70 años. Va en silla de ruedas porque está escayolada. Se ha roto un hueso de la pierna izquierda. Se desplomó en casa, de repente. Su hermana Carmen, un año mayor, tira de ella. Carmen, que nunca ha fumado, está ágil, lúcida y su aspecto es muy saludable.

Julia fumaba mucho hasta que el corazón dijo basta. Se recuperó y dejó de fumar. Pero la EPOC no te da una segunda oportunidad. “No me gusta la situación a la que he llegado -nos dice-. Estoy casi inválida por un motivo o por otro“.

En esta familia, los García, de ocho miembros, fumaban seis. El padre padeció un enfisema pulmonar. Carmen salió a su madre y además es una hermana ejemplar: “la traigo, la llevo, la muevo. En cambio ella no me puede ayudar”. Julia la escucha y dice con tristeza: “Ya no tiene solución”.

A mí no me va a pasar

La doctora llama a María Dolores, que viene acompañada de su marido. Un hombre alto y de ojos azules. Ella se acomoda en el borde de la silla, con los brazos, tostados por el sol, sobre la mesa. Está inquieta. Quiere saber el resultado de la última espirometría.

“No son buenas noticias -le dice la neumóloga-. Tu capacidad pulmonar ha disminuido“.
“¡Pero si ha pasado un verano maravilloso! -opina el marido-. Hemos paseado, se ha bañando en la playa. Se encontraba estupenda”. La doctora se pone algo seria y repasa los datos… quizá el análisis está equivocado… o quizá… “tuve un catarro la semana pasada” -apunta María Dolores-… quizá sea el catarro.

A María Dolores le brillan un poco sus ojos castaños. Es una señora muy elegante que pasa de los cincuenta. La EPOC no distingue entre clases sociales. “Llevo ocho años sin fumar -se lamenta- y nunca pensé que el tabaco me pasaría factura“.

El tabaco es el causante del 95% de los casos de EPOC y del 90% del cáncer de pulmón. 50 personas fallecen al día en España, el 74% hombres, aunque en los últimos años ha aumentado de forma significativa el número de mujeres.

Amante fiel y absorbente

Albano entra en la consulta con su hija Ana y de la mano de ‘Catalina’. Albano empezó a fumar de jovencito. Sus amigos le decían “ponte un pitillo en la boca y ligarás más con las chicas”. Y así lo hizo.

Hace un cuarto de siglo dejó el tabaco y quince años después se echó una novia inesperada. Se la presentaron en un hospital.

Desde entonces son inseparables: duerme con ella; se ducha con ella; hace los ejercicios con ella; desayuna, come y cena con ella; pasea con ella; y sobre todo, respira por ella.

“Mis nietos siempre me han visto con Catalina. Les gusta jugar con sus botones y sus gomas, y me hacen bromas cuando hacemos juntos los ejercicios. Cuando me preguntan por qué salgo con Catalina, yo les respondo que cometí un error de juventud”.
Albano le comenta a la doctora que está agotado, que se fatiga mucho a pesar de Catalina: “Cada cuarenta pasos, tengo que descansar”.

Catalina, su botella de oxígeno, pesa demasiado.

Autor: GREGORIO DEL ROSARIO

Vía: efe

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La actividad física controlada es beneficiosa en pacientes con EPOC

La falta de actividad física en los pacientes con Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC) es un elemento más del círculo vicioso que origina sus limitaciones en la vida diaria. Es por ello que el sedentarismo debe considerarse como un objetivo terapéutico que debe abordarse desde las fases iniciales de la enfermedad.

De hecho, un estudio afirma que la actividad física habitual en pacientes con EPOC reduciría hasta un 40% el riesgo de hospitalización y mortalidad. Y no sólo eso, sino que también jugaría un papel importante en la prevención de la enfermedad. “El mecanismo por el que el ejercicio es beneficioso y mejora la calidad de vida de estos  pacientes es el mismo que en la población general: mejoría de la función cardiaca y muscular, aumento del consumo de oxígeno y disminución de la inflamación de los pulmones, además de la potenciación del sistema inmunológico y la mejora de la autoestima y el humor”, explica la Dra. Patricia García Sidro, neumóloga del Hospital La Plana (Villareal).

Tendencia al sedentarismo

Sin embargo, estas personas muestran una clara tendencia al sedentarismo, lo que les predispone a una mayor obstrucción bronquial y dificultad para respirar. Un tercio de ellos son inactivos y sólo un 30% de ellos desarrolla un gasto energético suficiente para obtener los beneficios del ejercicio sobre la salud y disminuir el riesgo de empeoramiento de la enfermedad.

La actividad física habitual en pacientes con EPOC reduciría hasta un 40% el riesgo de hospitalización y mortalidad Las causas no son claras, en palabras de la Dra. García Sidro: “Saber realmente a qué se debe su escasa actividad física es complejo ya que probablemente implique la interacción de varios factores tanto de la propia enfermedad, como es el grado de obstrucción y el atrapamiento aéreo, que contribuyen a la aparición de la disnea o sensación de falta de aire; como psicosociales, culturales o de otras enfermedades asociadas”.

La neumóloga también apunta a la falta de información de los pacientes con EPOC acerca de los beneficios de la actividad física sobre su función pulmonar y subraya que la tendencia general es limitar sus actividades, muchas veces por miedo a empeorar o a incrementar los síntomas relacionados con el esfuerzo. “Debería ser obligación de todo personal sanitario promover un buen estado de salud, y eso incluye indudablemente potenciar el ejercicio físico diario”, apostilla la Dra. García Sidro.

Ejercicios más recomendados
Actualmente, se desconoce la duración, la intensidad y la frecuencia de actividad física más adecuada. Las guías recomiendan la realización de al menos 30 minutos de actividad física de intensidad moderada el mayor número de días posible para conseguir beneficios sobre el estado de salud.

La Dra. Patricia García Sidro recomienda caminar o bien realizar ejercicio con bicicleta estática (o pedalear) durante al menos 30 minutos, descansando todas las veces que sea necesario y/o utilizando medicación de rescate. Todo ello, combinado con ejercicios de brazos con pesas o cintas elásticas. Otra opción es apuntarse a un gimnasio bajo la supervisión de personal cualificado o practicar natación. Hinchar globos también es una práctica beneficiosa para mejorar la función pulmonar, en opinión de la neumóloga.

EPOC : 5 razones para llevar una vida activa

  1. La actividad física favorece que los pulmones y los músculos continúen funcionandotan bien como antes, conservando una mejor salud durante más tiempo
  2. Ayuda a reducir la dificultad para respirar al hacer ejercicio, lo que motiva a seguir manteniéndose activo
  3. Disminuye el cansancio en las piernas, eleva los niveles de energía y mejora la fuerza muscular, lo que tiene un efecto positivo en las actividades del día a día como caminar, ir de compraso realizar actividades de ocio.
  4. Potencia el sistema inmunológico y mejora la autoestima y el humor, evitando caer en un estado de depresión
  5. Tener buena forma física favorece la independencia de los pacientes, facilitando la realización de las tareas cotidianas sin necesidad de ayuda

Referencias

Esteban, Cristóbal. Impacto de la actividad física en la EPOC. Arch Bronconeumol. 2009; 45(Supl 5): 7-13
Margarita Marín Royo, Concha Pellicer Císcar, Cruz González Villaescusa, María José Bueso Fabra, Carmen Aguar Benito, Ada Luz Andreu Rodríguez, Alberto Herrejón Silvestre, Juan José Soler Cataluña. Actividad física y su relación con el estado de salud en pacientes EPOC estables. Arch Bronconeumol. 2011;47:335-42. – Vol. 47 Núm.07
European Lung Foundation. Hojas informativas osbre los pulmones. Cómo llevar una vida activa con EPOC. Disponible en http://www.europeanlung.org/assets/files/es/publications/vivir-plenamente-con-epoc.pdf

Vía: europeanlung

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El programa ‘Respirar es Vida’ alerta de los problemas respiratorios en los meses de verano entre los asmáticos y EPOC

Las personas con problemas respiratorios no deben bajar la guardia durante los meses de verano, porque el aumento de las temperaturas y la concentración de ozono pueden elevar el riesgo de mortalidad por agudización de enfermedades de pulmón según el Programa de Información sobre asma y EPOC, Respirar es Vida.

Las altas concentraciones de ozono resultantes por el mayor número de horas de sol y el aumento de las temperaturas, hace que el cuerpo tenga que trabajar más para mantener una temperatura corporal normal, necesitando más oxígeno. Los afectados por EPOC o asma tendrán más dificultades respiratorias como consecuencia de esto.

Los expertos han recordado de cara al verano que los pacientes que están medicándose, no interrumpan el tratamiento. Es frecuente que debido a una mejoría de los síntomas, bajen la guardia, pero esto “puede aumentar el riesgo de complicaciones de la enfermedad y hospitalización en otoño” asegura el enfermero del servicio de Neumología del Hospital de la Sta. Creu i Sant Pau d Barcelona, Jordi Giner.

Cada enfermo debe llevar la medicación siempre encima, en un lugar visible y tenerla integrada en la rutina. El doctor del servicio de Neumología del mismo hospital, Alfons Torrego, recomienda la terapia MART. Se basa en la combinación del tratamiento de mantenimiento y el de rescate con un único inhalador. “Esta opción de tratamiento resulta eficaz, segura y permite un claro beneficio extra en la reducción de las crisis de asma frente al uso de broncodilatadores aislados como alivio”, asegura el doctor.

Los expertos de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR) recomiendan antes de viajar en verano, tener en cuenta el clima del lugar de destino. De esta forma, el paciente podrá prevenir y tratar la aparición de crisis respiratorias y evitar situaciones de peligro. Además, aconsejan mantenerse hidratados, evitar la proximidad a lugares con contaminación que impidan una correcta respiración y evitar salir en horas de calor excesivo.

Vía: lainformacion

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Solo uno de cada cuatro enfermos de EPOC recibe tratamiento.

Los médicos denuncian el escaso conocimiento sobre esta enfermedad relacionada con fumadores y que afecta a 210 millones de personas en el mundo.

“Si dices EPOC no pasa nada. Si dices enfisema, se dan la vuelta”. El doctor Manuel Valle, neumólogo del hospital Puerta de Hierro de Majadahonda (Madrid), resume con esta frase el desconocimiento que existe sobre la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC), un término general que describe las condiciones que limitan el flujo aéreo a los pulmones y que incluye la bronquitis crónica, el enfisema y la fatiga, entre otros.

Aunque la EPOC afecta a 210 millones de personas en el mundo y cuya principal causa es el tabaco, solo el 17% de la población sabe qué es. Esta situación provoca, a su vez, que haya muchos pacientes sin diagnosticar: solo uno de cada cuatro recibe tratamiento. “Es una causa de mortalidad a nivel mundial y también a nivel español”, apunta el doctor Bernardino Alcázar, neumólogo del hospital de Alta Resolución de Loja (Granada). Según la Guía Española del EPOC, unos 18.000 españoles fallecen cada año a causa de dolencia.

Un de los principales problemas de esta falta de diagnóstico es la confusión en los síntomas. “Los fumadores tienen tos y lo asocian al tabaco, pero nunca al EPOC”, comenta el doctor Miguel Román, del centro de salud mallorquín Son Pisa, quien señala que la manera de confirmar el diagnóstico de la EPOC es muy sencilla. “Con una espirometría (una prueba que mide la capacidad pulmonar) es suficiente. Y ahora cualquier centro de atención primaria que abra tiene uno”, señala Román. Además de fumar, el tabaquismo pasivo, la contaminación ambiental, los gases químicos o el polvo en el ambiente también pueden contribuir la enfermedad. Y la mayoría de los pacientes tiene al menos 40 años cuando experimentan los primeros síntomas.

No obstante, la principal lucha de los médicos es con los propios pacientes. Una cuarta parte de los enfermos continúa fumando, cuando una de las principales medidas para evitar que la EPOC vaya a más es abandonar el tabaquismo y hacer ejercicio físico.

Autor: Daniel Román

Vía: elcorreo