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La dieta sana, ¿clave contra la EPOC?

Cada año mueren 18.000 españoles por causa de la EPOC, hecho que la convierte en la primera causa de muerte evitable en España y en la única patología relacionada con el tabaco cuya mortalidad sigue aumentando. Actualmente, está clasificada como la tercera causa de muerte en el mundo, por eso investigadores llevan tiempo investigando cómo la alimentación saludable podría promover la salud pulmonar.

Comer una dieta rica en grasas poliinsaturadas y nueces, así como baja en carne roja y procesada y bebidas azucaradas se asocia con un menor riesgo de enfermedad pulmonar crónica (enfermedad pulmonar obstructiva crónica o EPOC), según revela un estudio publicado esta semana en ‘British Medical Journal’.

El factor de riesgo predominante para la EPOC en el mundo desarrollado es el consumo de tabaco, pero hasta un tercio de los pacientes con EPOC nunca han fumado, lo que sugiere que otros factores están involucrados. Constantemente, se ha vinculado una dieta saludable con un menor riesgo de enfermedad cardiaca y cáncer, pero se desconoce el papel de la dieta en el riesgo de EPOC.

Un equipo de investigadores con sede en Francia y Estados Unidos se propuso estudiar la asociación entre el Índice Alternativo de Alimentación Saludable 2010 (AHEI-2010), una medida de la calidad de la dieta basada en el conocimiento científico actual, y el riesgo de la EPOC. Se analizaron los datos de más de 120.000 hombres y mujeres estadounidenses que participan en el Estudio de Salud de Enfermeras 1984-2000 y el Estudio de Profesionales de la Salud 1986-1998.

AMPLIA INVESTIGACIÓN  

Los participantes completaron cuestionarios periódicos sobre la ingesta alimentaria y a los que tenían un diagnóstico de enfisema o bronquitis crónica entre 1984 y 2000 también se les evaluó la EPOC. La puntuación de la dieta de AHEI-2010 se basa en 11 componentes, con más puntos reflejando un alto consumo de verduras, granos enteros, grasas poliinsaturadas, nueces y grasas omega-3 de cadena larga, consumo moderado de alcohol y baja ingesta de carnes rojas y procesadas, granos refinados y bebidas azucaradas.

Durante el periodo de estudio, se produjeron 723 casos de EPOC diagnóstico reciente en mujeres y 167 en hombres. Tras ajustar por 12 factores como la edad, la actividad física, el índice de masa corporal, el tabaquismo y el origen étnico, el riesgo de la EPOC de nuevo diagnóstico fue un tercio menor en los participantes que tomaron la dieta más saludable según AHEI-2010 en comparación con los que llevaban una alimentación menos saludable.

Los resultados fueron similares en los exfumadores y los fumadores actuales, así como en mujeres y hombres. Por el contrario, la puntuación de la dieta según AHEI-2010 no tenía relación con el asma incidente, como vieron los autores de esta investigación.

“Es un nuevo hallazgo que apoya la importancia de la dieta en la patogenia de la EPOC -subrayan los científicos–. A pesar de que los esfuerzos por prevenir la EPOC deben seguir centrándose en dejar de fumar, estos resultados prospectivos apoyan la importancia de una dieta saludable en programas multi-intervención para prevenir la EPOC”.

Vía: Infosalus

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La actividad física controlada es beneficiosa en pacientes con EPOC

La falta de actividad física en los pacientes con Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC) es un elemento más del círculo vicioso que origina sus limitaciones en la vida diaria. Es por ello que el sedentarismo debe considerarse como un objetivo terapéutico que debe abordarse desde las fases iniciales de la enfermedad.

De hecho, un estudio afirma que la actividad física habitual en pacientes con EPOC reduciría hasta un 40% el riesgo de hospitalización y mortalidad. Y no sólo eso, sino que también jugaría un papel importante en la prevención de la enfermedad. “El mecanismo por el que el ejercicio es beneficioso y mejora la calidad de vida de estos  pacientes es el mismo que en la población general: mejoría de la función cardiaca y muscular, aumento del consumo de oxígeno y disminución de la inflamación de los pulmones, además de la potenciación del sistema inmunológico y la mejora de la autoestima y el humor”, explica la Dra. Patricia García Sidro, neumóloga del Hospital La Plana (Villareal).

Tendencia al sedentarismo

Sin embargo, estas personas muestran una clara tendencia al sedentarismo, lo que les predispone a una mayor obstrucción bronquial y dificultad para respirar. Un tercio de ellos son inactivos y sólo un 30% de ellos desarrolla un gasto energético suficiente para obtener los beneficios del ejercicio sobre la salud y disminuir el riesgo de empeoramiento de la enfermedad.

La actividad física habitual en pacientes con EPOC reduciría hasta un 40% el riesgo de hospitalización y mortalidad Las causas no son claras, en palabras de la Dra. García Sidro: “Saber realmente a qué se debe su escasa actividad física es complejo ya que probablemente implique la interacción de varios factores tanto de la propia enfermedad, como es el grado de obstrucción y el atrapamiento aéreo, que contribuyen a la aparición de la disnea o sensación de falta de aire; como psicosociales, culturales o de otras enfermedades asociadas”.

La neumóloga también apunta a la falta de información de los pacientes con EPOC acerca de los beneficios de la actividad física sobre su función pulmonar y subraya que la tendencia general es limitar sus actividades, muchas veces por miedo a empeorar o a incrementar los síntomas relacionados con el esfuerzo. “Debería ser obligación de todo personal sanitario promover un buen estado de salud, y eso incluye indudablemente potenciar el ejercicio físico diario”, apostilla la Dra. García Sidro.

Ejercicios más recomendados

Actualmente, se desconoce la duración, la intensidad y la frecuencia de actividad física más adecuada. Las guías recomiendan la realización de al menos 30 minutos de actividad física de intensidad moderada el mayor número de días posible para conseguir beneficios sobre el estado de salud.

La Dra. Patricia García Sidro recomienda caminar o bien realizar ejercicio con bicicleta estática (o pedalear) durante al menos 30 minutos, descansando todas las veces que sea necesario y/o utilizando medicación de rescate. Todo ello, combinado con ejercicios de brazos con pesas o cintas elásticas. Otra opción es apuntarse a un gimnasio bajo la supervisión de personal cualificado o practicar natación. Hinchar globos también es una práctica beneficiosa para mejorar la función pulmonar, en opinión de la neumóloga.

EPOC : 5 razones para llevar una vida activa

  1. La actividad física favorece que los pulmones y los músculos continúen funcionandotan bien como antes, conservando una mejor salud durante más tiempo
  2. Ayuda a reducir la dificultad para respirar al hacer ejercicio, lo que motiva a seguir manteniéndose activo
  3. Disminuye el cansancio en las piernas, eleva los niveles de energía y mejora la fuerza muscular, lo que tiene un efecto positivo en las actividades del día a día como caminar, ir de compraso realizar actividades de ocio.
  4. Potencia el sistema inmunológico y mejora la autoestima y el humor, evitando caer en un estado de depresión
  5. Tener buena forma física favorece la independencia de los pacientes, facilitando la realización de las tareas cotidianas sin necesidad de ayuda

Referencias

Esteban, Cristóbal. Impacto de la actividad física en la EPOC. Arch Bronconeumol. 2009; 45(Supl 5): 7-13
Margarita Marín Royo, Concha Pellicer Císcar, Cruz González Villaescusa, María José Bueso Fabra, Carmen Aguar Benito, Ada Luz Andreu Rodríguez, Alberto Herrejón Silvestre, Juan José Soler Cataluña. Actividad física y su relación con el estado de salud en pacientes EPOC estables. Arch Bronconeumol. 2011;47:335-42. – Vol. 47 Núm.07
European Lung Foundation. Hojas informativas osbre los pulmones. Cómo llevar una vida activa con EPOC. Disponible en http://www.europeanlung.org/assets/files/es/publications/vivir-plenamente-con-epoc.pdf

Vía: europeanlung

Madrefumando

Estudios genéticos para deshabituación tabaco triplicarán éxito tratamiento

Los estudios genéticos para la deshabituación tabáquica triplicarán el éxito en los tratamientos, según han avanzado los expertos que participan en el XV Simpósium de Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC) de Barcelona. Organizado por la Fundación Catalana de Neumología (FUCAP) y con la colaboración de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR) y la Sociedad Catalana de Neumología (SOCAP), el encuentro reúne desde ayer y hasta hoy a unos 300 neumólogos de todo el mundo expertos en EPOC.

Los expertos en esta enfermedad, que cada año causa 18.000 muertes en España, han resaltado la importancia que están adquiriendo los estudios genéticos a la hora de prescribir los tratamientos para dejar de fumar.

El doctor Joan Sabater-Tobella, presidente de Eugenomic, especializada en medicina personalizada genómica y farmacogenética, ha presentado hoy un estudio realizado durante dos años sobre “la genética y la deshabituación tabáquica”. El estudio concluye que si “a la hora de prescribir un tratamiento se hiciera un estudio personalizado sobre los diferentes genes que intervienen en la eficacia de la deshabituación tabáquica del paciente, los médicos tendrían mayor información a la hora de prescribir uno u otro tratamiento, ya sea basado en nicotina, químico y psicológico”.

“Cada año se sabe que, de cada 100 fumadores, 70 quieren dejar de fumar, pero sólo 30 lo intenta. De éstos, apenas 2 ó 3 lo logran (4,2 % de los que lo intentan), por lo que el número de éxito es muy pequeño. Sin embargo, las personas que lograrían dejar de fumar si a la hora de tratarlos se tuviera en cuenta su genética se triplicaría, llegando a las 9 o 10 personas (14 % de los que lo intentan)”, ha afirmado Sabater-Tobella. “Hemos estudiado los diferentes genes que intervienen en el tabaquismo y sabemos en función de la genética de cada persona qué tipo de tratamiento responde con más eficacia”, ha afirmado Sabater-Tobella.

El médico ha puesto como ejemplo los tratamientos con nicotina: “Hemos buscado variantes genéticas que determinen el nivel de eliminación de esta sustancia, en este caso con la enzima del hígado CYP2A6; o la enzima CYP2B6, que transforma el pro-fármaco Bupropión en su forma activa OH-Bupropión, por lo que en las personas que genéticamente tengan una mutación que anule su actividad el Bupropión no tendrá ningún efecto sobre la deshabituación tabáquica y habrá fracaso terapéutico. Y así podríamos comentar respecto a cuatro genes más”.

“Desde que se descodificó el genoma humano en 2003, la medicina ha ido cambiando hacia la medicina personalizada, y gracias a los estudios genéticos podemos hacer ya una medicina preventiva, antes de que aparezca la enfermedad, en vez de un diagnóstico precoz, que es a lo que aspiraba hasta hoy”, ha concluido el presidente de Eugenomic.

La EPOC es un trastorno que causa una gran morbilidad y mortalidad a escala global. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), todos los años provoca la muerte de al menos 2,9 millones de personas.

Las estimaciones globales de mortalidad realizadas en 1990 se han actualizado recientemente, y reiteran que la EPOC, que era la quinta causa de muerte en 1990 y la cuarta desde 2000, pasará a ser la tercera en 2020.

La EPOC está causada, principalmente, por el humo del tabaco y produce como síntoma principal una disminución de la capacidad respiratoria, que avanza lentamente con el paso de los años y ocasiona un deterioro considerable en la calidad de vida de las personas afectadas y muerte prematura.

Vía: LaVanguardia

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El 36% de los pacientes con EPOC padece ansiedad o depresión.

Así lo muestra un estudio llevado a cabo por investigadores de la Asociación de Neumología y Cirugía Torácica del Sur (NEUMOSUR) y publicado en Revista Española de Patología Torácica, trabajo en el que se observa cómo solo un 8% de los pacientes con diagnosticados del trastorno mental.

Como explican los autores, “nuestro estudio confirma que la presencia de comorbilidades psiquiátricas en los pacientes con EPOC es muy frecuente y que están infradiagnosticadas en un alto grado. En nuestra muestra, un 36% de los pacientes padecían ansiedad o depresión, si bien tan solo un 8% habían sido diagnosticados”.

Mayor riesgo clínico

Para llevar a cabo el estudio, los investigadores evaluaron entre junio de 2010 y noviembre de 2011 la presencia de ansiedad o depresión en 204 pacientes ambulatorios –edad promedio de 66 años, siendo hasta un 90,2% varones– con EPOC estable.

Los resultados mostraron que, si bien solo un 8% de los participantes había sido diagnosticado de ansiedad o depresión al principio del estudio, la prevalencia de comorbilidad psiquiátrica se elevó hasta un 36%, resultando especialmente significativa en los pacientes más jóvenes.

Como indican los autores, “la depresión se ha encontrado en un 17% de los pacientes, cifra muy cercana a la de los pacientes oncológicos avanzados en cuidados paliativos, entre los que la prevalencia de depresión, en base a estudios con diagnóstico mediante entrevista psiquiátrica, se sitúa en torno al 20-30%”.

Un aspecto a tener en cuenta dado que los pacientes con ansiedad o depresión confirmadas habían presentado un mayor número de agudizaciones en el año previo, referían un mayor grado de disnea basal, recorrían una menor distancia en el test de marcha de 6 minutos (T6MM) y presentaban una mayor puntuación del índice BODE –escala que evalúa los riesgos clínicos en personas con EPOC.

Y en este contexto, y dada la elevada efectividad mostrada por el cuestionario de ‘Escala Hospitalaria de Ansiedad y Depresión’ (HADS) a la hora de identificar a los pacientes con comorbilidad psiquiátrica, “el uso del cuestionario autoadministrado HADS en la práctica clínica habitual puede corregir el alto infradiagnóstico de la ansiedad y la depresión en los pacientes EPOC”, concluyen los autores.

ESTUDIO PUBLICADO POR NEUMOSUR

Vía: somospacientes

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¿Por qué son tan difíciles de usar los inhaladores?

Los inhaladores son esenciales para el tratamiento de enfermedades respiratorias; sin embargo, todo el que los haya tenido entre sus manos por primera vez sabe que su uso no es precisamente sencillo. Un estudio acaba de constatar lo que algunos sanitarios saben desde hace tiempo: la educación del paciente es clave para que aprenda a coordinadar su respiración con el click que hará llegar la medicación hasta sus pulmones.

Los inhaladores suministran el medicamento en forma de polvo o líquido directamente hasta los pulmones y bronquios, sin necesidad de atravesar el sistema digestivo; lo que los convierte en aliados ideales en en dos grandes enfermedades: el asma y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC). Sin embargo, como reconocía recientemente un estudio en la revista Annals of the American Thoracic Society, se calcula que hasta el 86% de los pacientes tiene problemas para usarlos.

En un estudio con 120 pacientes de dos hospitales de Chicago, investigadores dirigidos por Valerie Press, constataron que un abordaje proactivo para formarles adecuadamente en la técnica adecuada podía reducir significativamente este porcentaje.

Laura Diego, coordinadora del Centro de Información de Medicamentos de Cataluña (Cedimcat), reconoce que es difícil encontrar estimaciones precisas en la literatura médica, pero “se calcula que menos del 50% de los pacientes los usa bien”. Ese mal uso significa que una parte del fármaco en polvo que debería llegar hasta el sistema respiratorio se queda en la boca y el paciente no experimentará la mejoría prevista, o su médico tendrá que revisar su dosis, cambiarle de tratamiento… “Y aunque hay algunas alternativas, los inhaladores son la base del tratamiento y es lo que mejor funciona”, apunta Diego.

Multitud de sistemas
En los últimos años han proliferado en el mercado los sistemas de inhalación, lo que ha supuesto una mejora para los pacientes, que antes ni siquiera podían saber las dosis que quedaban. “Es cierto que ha habido avances, pero no se puede decir que haya un inhalador que sea el mejor, sino que hay que buscar el que mejor se adapte a las necesidades y capacidades de cada paciente”. La clave, resalta Diego, es usar bien el que sea (“si funciona, a ser posible, no cambiar el inhalador”); y que médicos y enfermeros dediquen el tiempo suficiente en la consulta para que el paciente aprenda a usarlo antes de irse a casa y reevalúen su uso periódicamente.

Los dos grandes grupos de inhaladores son los presurizados (tipo ventolín), que disparan el medicamento al apretar; y los llamados de polvo seco, que el paciente activa con su propia inhalación.

En general, especifica la especialista del Cedimcat (un centro que dispone de información para pacientes en su página web), los dos errores más comunes al usar este tipo de medicación es que no se coordine la respiración con la aspiración del fármaco (en el caso de los presurizados) y que no se contenga la respiración unos 5-10 segundos una vez inhalado el fármaco, en una especie de apnea post-inhalación.

Aunque eso sí, añade, todas estas dificultades no suponen que no se puedan llegar a usar bien, “la clave está en la formación y encontrar el inhalador más apropiado para cada persona”. Eso sí, como coincide con sus colegas del trabajo estadounidense, en el caso de ancianos y niños los especialistas deben poner quizás una dosis extra de paciencia y formación para que puedan alcanzar un uso óptimo y, sobre todo, valorar el uso de cámaras (un sistema a modo de mascarilla que facilita su uso en estas poblaciones).

En niños
En el caso de los niños, explica el doctor Javier Pellegrini, vicepresidente de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPAP), estos dispositivos son esenciales si se tiene en cuenta que el asma es la enfermedad crónica más frecuente en la infancia.

“Ya puedes diagnosticar bien la enfermedad, establecer el tratamiento y la dosis, que si el niño no sabe inhalar no estás haciendo nada”, explica a EL MUNDO el responsable del grupo de trabajo de Asma y Alergias de la AEPAP. Por eso, insiste en que los profesionales deben saber usar correctamente estos dispositivos y enseñar su uso a los pacientes: “ningún niño debe salir de la consulta sin saber usarlo, y si el propio médico no lo sabe usar difícilmente lo va a poder enseñar”.

En el caso de los niños es importante usar dispositivos adecuados a cada edad, para asegurarse de que la dosis del fármaco llega correctamente a su sistema respiratorio. Así, por ejemplo, en el caso de los más pequeños, el tratamiento se realiza con unas cámaras con mascarilla (en la que el medicamento queda flotando en suspensión), de manera que el niño sólo tiene que respirar normalmente.

A partir de los tres o cuatro años (“un poco antes las niñas que los niños”, explica el pediatra), ya se puede sustituir la mascarilla por una boquilla, que el propio niño puede ajustar fácilmente a sus labios. “Yo siempre recomiendo que se use primero con los hermanos mayores o incluso con los padres, para que ellos quieran después hacerlo y no le cojan miedo”.

A partir de los seis años, los niños ya están preparados para usar los sistemas de polvo seco; una especie de cilindros con boquilla (denominados turbohaler) que el niño debe atraer hacia sus pulmones con fuerza. “Estos son muy útiles, salvo en caso de una crisis asmática, porque entonces el pequeño no tiene la fuerza suficiente para inspirar”.

Sólo a partir de los 9-11 años, los niños con asma ya están preparados para usar los inhaladores del tipo ventolín, que disparan el medicamento a los bronquios (“a una velocidad de 100 km/h”). El problema, como subraya el doctor Pellegrini, es que estos dispositivos requieren una gran coordinación entre el disparo y la respiración para que el paciente inhale correctamente la medicación.

“Si tenemos en cuenta que el 10% de los niños padecen asma, la inhalación es muy importante”, explica el pediatra de Atención Primaria. Aunque, como él mismo indica, al final, todos los niños consiguen aprender, y sólo en casos muy puntuales (“en pequeños con ciertas alteraciones o con parálisis cerebreb”) hay que recurrir a nebulizadores portátiles con mascarilla como alternativa a los inhaladores.

Autora: María Valerio Sainz

Vía: elmundo